lunes, 15 de octubre de 2007

LA 30,30

La 30,30 es un campo de fútbol que se encuentra en el centro de Ecatepec, en este lugar hacen los tradicionales bailes de música popular, en donde he visto a diferentes tipos de personas incluyendo la clase social, disfrutando de tan concurrido evento;
La primera vez que me invitaron fui con mi novio, unos amigos de la escuela y una prima a la cual quiero mucho, todos amontonados en la camioneta de mi papá. Lo primero que hicimos fue ir a Walt-Mart por una botella de tequila, para entrar en ambiente, en el camino tratamos de ser lo más cuidadosos posibles por aquello del alcohol que estábamos bebiendo, y el escandalo con el estéreo a todo volumen entonando esa canción tan hermosa de "amor eterno que canta Rocío Durcal" e infinidad de canciones que por supuesto disfrutamos escuchar, pues en estos casos son muy oportunas las patrullas, el alcoholímetro y los policías.
Así fue todo el recorrido que hicimos para trasladarnos a dicho lugar, era evidente que esa botella de tequila se evaporo o no la vendieron vacía, solo quedaba el cilindro de vidrio y una gran sonrisa dibujaba el rostro de mis compañeros incluyendo el mio. Me resulto completamente grato ver a multitudes de personas como yo, jeans vaqueros, esas botas de piel de cocodrilo, víbora y avestruz, tantas camisas de cuadros, la chamarra de piel y esas texanas que con el simple hecho de verlas pareciera que bailaban solas.
En la taquilla no nos fue muy bien, al comprar los boletos de todos los que nos reunimos, a mi novio le robaron la cartera y a mi me dieron unos cuantos mallugones, pues fuimos los electos para realizar tan ardua tarea; por fin entramos y el lugar estaba atiborrado no se podía caminar ni para adelante ni para atrás, por unos instantes pensamos que hubiese sido mejor ir al rodeo Santa Fe o a algún bar de San Jerónimo. Ya estábamos ahí solo tratamos de disfrutar el momento y escuchar a Lupillo Rivera, Los Horóscopos de Durango, La Arrolladora, La Dinastía, Mariano Barba y con eso era suficiente para pensar que los 200 pesos que pagamos valían la pena.
Si teníamos mucha sed así que compramos dos botellas más, para que en el momento que saliera nuestro ídolo "Lupillo Rivera", pudiéramos levantar el brazo con copa en mano y brindar con él; llego el momento, apareció eso pelón con botas y sombrero, fue tan aclamado, la gente se hacia pelotas y se empujaba para estar lo mas cerca del escenario y observarlo mejor, todos esos gritos casi me dejan sorda, pero cuando comenzo su canto, esos gritos tan molestos, en tres segundos se convirtieron en un coro impresionante, "mi gusto es y quien me lo quitara...". Bueno toda la noche me divertí mucho con mis amigos, cantando, bailando, tomando y observando a toda la gente igual o mas emocionada que mis amigos y yo.
Entre todas las presentaciones de grupos y solistas paso lo mismo, los remolinos de gente que se movían de escenario a escenario. Para cerrar el baile canto nuevamente el señor Rivera; sin importar que las canciones que canto eran las mismas de las horas anteriores empezamos a tararear y seguir disfrutando. Al bajar del escenario Lupillo se fue a su autobús que usaba de camerino; recuerdo que me fui casi corriendo jalando de la mano a mi prima a dicho automóvil, sin importar que perdiéramos de vista a nuestros amigos, y a mi novio, y causáramos preocupación en ellos. Después de mucho batallar nos dejaron estar cerca de ese personaje, que creo esta lleno de sinceridad y humildad, dejo que sacáramos las fotos necesarias para nuestra satisfacción; para la pose de una de ellas le quite el sombrero y lo coloque en mi cabeza, el flash se encendió indicando que estaba lista dicha fotografía, me quito el sombrero, Lupíllo me quito el sombrero, lo autografió con un plumón que solicito al señor que captura momentos tan especiales como este, y me lo obsequio acompañandolo de un beso tan tierno que me dio en la mejilla, que solo de recordar se eriza y se estremece nuevamente mi piel.
Batallamos mucho para encontrar a mi novio y amigos; reunidos nuevamente salimos del campo de fútbol dirijiendonos a el estacionamiento donde dejamos la camioneta de papá, mal acomodados nos marchamos todos con una sonrisa enorme pero la mía era mucho más. Para no hacer largo el camino recuerdo que pasamos por un par de cervezas y repetimos todas esas canciones que no nos cansa escuchar; llegamos a mi casa, el conductor resignado mi novio, guardo la camioneta, cenamos lo poco de comida que había sobrado del día, mande a mi novio Sergio, a Alejandro, al Chon y a Toño a una recámara que hay de sobra en casa y Ana mi prima, Laura y yo descansamos en mi cuarto las pocas horas que nos quedaban para reanudar nuestras labores, pues habíamos llegado a las 6:00 a.m. y como toda gente responsable teníamos que trabajar.

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